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Parte 4

5. Abigaíl y David

1 Samuel 22:1-4; 25:1-43.

¿CONOCES a la bella joven que viene a ver a David? Se llama Abigaíl. Ella sabe pensar bien, y evita que David haga algo malo. Pero antes de ver qué fue, vamos a ver lo que le ha estado pasando a David.

Después que David huye de Saúl, se esconde en una cueva. Sus hermanos y el resto de su familia vienen a donde él. Unos 400 hombres vienen a él, y David llega a ser su líder. David va entonces a donde el rey de Moab y dice: ‘Por favor, deja que mi padre y mi madre se queden contigo hasta que yo vea lo que me pasa.’ Después, David y sus hombres empiezan a esconderse en los montes.

Tiempo después, David conoce a Abigaíl. El esposo de ella, Nabal, es un hombre rico que tiene muchas tierras. Tiene 3.000 ovejas y 1.000 cabras. Nabal es cruel. Pero su esposa Abigaíl es muy bonita. También, sabe hacer lo que es correcto. Una vez hasta salva a su familia. Vamos a ver cómo.

David y sus hombres han sido bondadosos con Nabal. Han ayudado a proteger sus ovejas. Un día David envía a sus hombres a pedirle un favor a Nabal. Ellos llegan a donde está Nabal mientras él y sus ayudantes recortan lana de las ovejas. Es un día de fiesta, y Nabal tiene muchas cosas de comer buenas. Así que los hombres de David dicen: ‘Hemos sido buenos contigo. No te hemos robado ninguna oveja, pero te ayudamos a cuidarlas. Por favor, ahora danos algún alimento.’

‘No voy a dar alimento a hombres como ustedes,’ dice Nabal. Habla con crueldad, y dice cosas malas acerca de David. Cuando los hombres le dicen esto a David, él se enoja mucho. ‘¡Pónganse las espadas!’ les dice. Y salen a matar a Nabal y sus hombres.

Uno de los hombres de Nabal, al oír las palabras crueles de Nabal, le dice a Abigaíl lo que ha pasado. Enseguida Abigaíl prepara algún alimento, lo pone sobre unos asnos y sale. Cuando se encuentra con David, se baja de su asno, se inclina y dice: ‘Por favor, señor, no prestes atención a mi esposo Nabal. Él es tonto, y hace cosas tontas. Aquí tienes un regalo. Acéptalo, por favor, y perdónanos lo que ha pasado.’

‘Eres sabia,’ contesta David. ‘Has evitado que yo mate a Nabal en pago por su crueldad. Vuelve a tu casa ahora en paz.’ Después, cuando Nabal muere, Abigaíl llega a ser una de las esposas de David.

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Parte 4

6. David hecho rey

1 Samuel 26:1-25; 27:1-7; 31:1-6; 2 Samuel 1:26; 3:1-21; 5:1-10; 1 Crónicas 11:1-9.

DE NUEVO Saúl trata de capturar a David. Lleva 3.000 soldados de los mejores para buscarlo. Cuando David llega a saber esto, envía espías para ver en qué lugar ha acampado Saúl esa noche. Entonces, a dos de sus hombres les pregunta: ‘¿Cuál va conmigo al campamento de Saúl?’

‘Yo voy,’ dice Abisai. Abisai es hijo de Seruya, que es hermana de David. Mientras Saúl y sus hombres duermen, David y Abisai se cuelan en el campamento. Se llevan la lanza y el jarro de agua de Saúl que está al lado de su cabeza. Nadie los ve ni los oye porque todos están dormidos.

Mira ahora a David y Abisai. Se han escapado, y están sobre un monte. David le grita al jefe del ejército de Israel: ‘Abner, ¿por qué no estás protegiendo a tu amo, el rey? ¡Mira! ¿Dónde están su lanza y su jarro de agua?’

Saúl se despierta. Reconoce la voz de David, y pregunta: ‘¿Eres tú, David?’ ¿Puedes ver a Saúl y Abner allá abajo?

‘Sí, mi señor el rey,’ contesta David. Y David pregunta: ‘¿Por qué estás tratando de capturarme? ¿Qué mal he hecho? Aquí está tu lanza, oh rey. Que alguien venga a buscarla.’

‘He hecho mal,’ admite Saúl. ‘He obrado tontamente.’ Entonces David se va, y Saúl vuelve a su casa. Pero David se dice: ‘Uno de estos días Saúl me va a matar. Debo escapar al país de los filisteos.’ Y eso hace. David puede engañar a los filisteos y hacerles creer que ahora los favorece.

Algún tiempo después los filisteos suben a pelear contra Israel. En la batalla, Saúl y Jonatán mueren. Esto hace que David se ponga muy triste, y él escribe una linda canción, en la cual canta: ‘Me siento triste por ti, mi hermano, Jonatán. ¡Cuánto te quería!’

Después de esto David vuelve a Israel, a la ciudad de Hebrón. Allí hay una guerra entre los hombres que escogen a Isbóset, hijo de Saúl, para que sea rey y los otros hombres que quieren que David sea rey. Pero finalmente los hombres de David ganan. David tiene 30 años cuando llega a ser rey. Por siete años y medio gobierna en Hebrón. Algunos de los hijos que le nacen allí a David son Amnón, Absalón y Adonías.

Con el tiempo David y sus hombres van a capturar una bella ciudad, Jerusalén. Joab, otro hijo de Seruya, la hermana de David, guía la pelea. Por eso David le da como premio ser jefe del ejército. Ahora David empieza gobernar en la ciudad de Jerusalén.

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Parte 3

1. Un alimento nuevo

Éxodo 16:1-36; Números 11:7-9; Josué 5:10-12. ¿SABES qué está recogiendo del suelo la gente? Parece escarcha. Es blanco, delgado y como hojas pequeñas. Pero no es escarcha; es algo que se puede comer.

Solo ha pasado más o menos un mes desde que los israelitas salieron de Egipto. Están en el desierto. Allí crece poco alimento, y ellos se quejan: ‘Mejor que Jehová nos hubiera matado en Egipto. Allí comíamos cuanto queríamos.’

Por eso Jehová dice: ‘Voy a hacer que llueva alimento desde el cielo.’ Y eso es lo que hace. A la mañana siguiente, cuando los israelitas ven esta cosa blanca que ha caído, se preguntan: ‘¿Qué es?’

Moisés dice: ‘Este es el alimento que Jehová les ha dado para que lo coman.’ La gente lo llama MANÁ. El maná sabe a tortas delgadas hechas con miel.

‘Recojan lo que cada persona pueda comer,’ dice Moisés a la gente. Por eso, cada mañana hacen eso. Entonces, cuando el Sol calienta, el maná que queda en el suelo se derrite.

Moisés también dice: ‘Nadie guarde maná hasta el día siguiente.’ Pero algunos lo hacen. ¿Sabes lo que pasa entonces? ¡La mañana siguiente el maná que han guardado está lleno de gusanos y empieza a oler mal!

Pero Jehová dice que un día de la semana recojan doble cantidad de maná. Ese es el sexto día. Y Jehová dice que guarden alguno hasta el día siguiente, pues no va a hacer que caiga ninguno el día séptimo. ¡Cuando guardan el maná hasta el día séptimo, no se llena de gusanos ni tiene mal olor! ¡Es otro milagro!

Durante todos los años de los israelitas en el desierto, comen maná.

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Parte 3

2. Jehová da sus leyes

Éxodo 19:1-25; 20:1-21; 24:12-18; 31:18; Deuteronomio 6:4-6; Levítico 19:18; Mateo 22:36-40.

UNOS dos meses después de haber salido de Egipto, los israelitas llegan al monte Sinaí, también llamado Horeb. Aquí fue donde Dios habló a Moisés desde el arbusto ardiente. El pueblo acampa aquí; se queda aquí algún tiempo.

Mientras la gente espera abajo, Moisés sube a la montaña. Allá, Jehová le dice a Moisés que Él quiere que los israelitas le obedezcan y lleguen a ser Su pueblo especial. Cuando Moisés baja, les dice a los israelitas lo que Jehová ha dicho. Y la gente dice que va a obedecer a Jehová, porque quieren ser su pueblo.

Jehová ahora hace una cosa rara. Hace que de la cumbre suba humo, y hace que haya truenos fuertes. También habla al pueblo y les dice: ‘Yo soy Jehová tu Dios que te sacó de Egipto.’ Entonces les da este mandato: ‘No debes adorar más dioses que a mí.’

Dios da a los israelitas otros nueve mandamientos, o leyes. El pueblo tiene mucho miedo. Le dicen a Moisés: ‘Háblanos tú, porque tememos que si Dios nos habla moriremos.’

Más tarde, Jehová le dice a Moisés: ‘Sube acá arriba a la montaña. Yo te voy a dar dos piedras planas en las cuales he escrito las leyes que yo quiero que el pueblo guarde. De manera que Moisés sube una vez más a la montaña. Por 40 días y noches se queda allá.

Dios tiene muchas, muchas leyes para su pueblo. Moisés las escribe. Dios también le da a Moisés las dos piedras planas. En éstas, Dios mismo ha escrito las 10 leyes que ha hablado a todo pueblo. Se llaman los Diez Mandamientos.

Los Diez Mandamientos son leyes importantes. Pero también son las muchas otras leyes que Dios da a los israelitas. Una de éstas es: ‘Debes amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón, toda tu mente, toda tu alma y toda tu fuerza.’ Y otra es: ‘Debes amar a tu prójimo como a ti mismo.’ El Hijo de Dios, Jesucristo, dijo que éstas son las dos mayores leyes que Dios dio a su pueblo de Israel. Después aprenderemos muchas cosas acerca del Hijo de Dios y sus enseñanzas.

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Parte 3

3. El becerro de oro

Éxodo 32:1-35.

¡AY, NO! ¿Qué está haciendo la gente ahora? ¡Orando a un becerro! ¿Por qué están haciendo esto?

Cuando Moisés se queda mucho tiempo en la montaña, el pueblo dice: ‘No sabemos qué le ha pasado a Moisés. Vamos a hacernos un dios que nos saque de esta tierra.’

‘Está bien,’ dice Aarón el hermano de Moisés. ‘Quítense sus pendientes de oro, y tráiganmelos.’ Cuando el pueblo hace esto, Aarón los derrite y hace un becerro de oro. Y el pueblo dice: ‘¡Este es nuestro Dios, que nos sacó de Egipto!’ Entonces tienen una fiesta grande, y adoran el becerro de oro.

Cuando Jehová ve esto, se enoja mucho. Y le dice a Moisés: ‘Apresúrate y baja. El pueblo se está portando muy mal. Han olvidado mis leyes y se inclinan ante un becerro de oro.’

Moisés rompe las tablas de piedra de los Diez Mandamientos
Moisés baja enseguida de la montaña. Y al acercarse, esto es lo que ve. ¡La gente está cantando y bailando alrededor del becerro! Moisés se enoja tanto que tira las dos piedras planas que tienen las leyes, y éstas se rompen en pedazos. Entonces le echa mano al becerro y lo derrite. Entonces lo hace polvo.

El pueblo ha hecho algo muy malo. Por eso Moisés les dice a unos hombres que empuñen sus espadas. ‘Los malos que adoraron el becerro deben morir,’ dice. ¡Por eso los hombres matan a 3.000 personas! ¿No muestra esto que hay que tener cuidado para adorar solo a Jehová y no a dioses falsos?

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Parte 3

4. Una tienda para adorar

Éxodo 25:8-40; 26:1-37; 27:1-8; 28:1; 30:1-10, 17-21; 34:1, 2; Hebreos 9:1-5.

¿SABES qué es este edificio? Es una tienda especial para adorar a Jehová. Se le llama el tabernáculo. El pueblo lo terminó en un solo año después que salió de Egipto. ¿Sabes de quién fue la idea de hacerlo?

Fue idea de Jehová. Mientras Moisés estaba arriba en el monte Sinaí, Jehová le dijo cómo hacerlo. Le dijo que lo hiciera de modo que pudiera desmontarse fácilmente. Así las partes se podrían llevar a otro lugar, y allí juntarse de nuevo. Por eso, cuando los israelitas se mudaban de un lugar a otro en el desierto, llevaban consigo la tienda.

Si te fijas en el cuartito al fin de la tienda, puedes ver una caja. Esta caja se llama el arca del pacto. Tenía dos ángeles o querubines hechos de oro, uno a cada extremo. Dios escribió de nuevo los Diez Mandamientos en dos piedras planas, porque Moisés había roto las primeras. Y estas piedras fueron guardadas en el arca del pacto. También se guardó allí un jarro de maná. ¿Recuerdas lo que es maná?

Jehová escoge a Aarón el hermano de Moisés para que sea el sumo sacerdote. Él dirige el pueblo en la adoración de Jehová. Y sus hijos también son sacerdotes.

Ahora fíjate en el cuarto más grande de la tienda. Tiene el doble del tamaño del cuartito. ¿Ves la cajita de la cual está subiendo humo? Ese es el altar donde los sacerdotes queman incienso, una cosa que huele bien. Mira también el candelabro que tiene siete lámparas. Y lo tercero en el cuarto es una mesa, sobre ésta se mantienen 12 panes.

En el patio del tabernáculo hay una fuente grande, o palangana, llena de agua. Los sacerdotes la usan para lavar. También está allí el gran altar. Aquí se queman los animales muertos como ofrenda a Jehová. La tienda está en el medio del campamento, y los israelitas viven en sus tiendas alrededor de ella.

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Parte 3

5. Los 12 espías

Números 13:1-33; 14:1-38.

MIRA las frutas que estos hombres cargan. Fíjate qué grande es el ramo de uvas. Dos hombres tienen que cargarlo en un palo. Y mira los higos y las granadas. ¿De dónde vinieron estos bellos frutos? De la tierra de Canaán. Recuerda, Canaán es donde vivían Abrahán, Isaac y Jacob. Pero por el hambre que hubo allí, Jacob se mudó con su familia a Egipto. Ahora, tras unos 216 años, Moisés lleva de vuelta a Canaán a los israelitas. Ahora están en Cades, en el desierto.

En Canaán vive gente mala. Por eso Moisés envía 12 espías y les dice: ‘Averigüen cuánta gente vive allí, y cuán fuertes son. Averigüen si la tierra es buena para sembrar. Y no dejen de traer algunos de los frutos.’

Cuando los espías vuelven a Cades, le dicen a Moisés: ‘En verdad es un buen país.’ Y para probarlo, le muestran algunas frutas. Pero 10 de los espías dicen: ‘La gente que vive allí son gente grande y fuerte. Si tratamos de quitarles el país, nos matan.’

Los israelitas se asustan al oír esto. ‘Mejor hubiera sido morir en Egipto o hasta aquí en el desierto,’ dicen. ‘Moriremos en batalla, y nuestras esposas y nuestros hijos serán capturados. ¡Vamos a escoger un nuevo líder en vez de Moisés, y regresar a Egipto!’

Pero dos de los espías confían en Jehová, y tratan de calmar al pueblo. Se llaman Josué y Caleb. Dicen: ‘No tengan miedo. Jehová está con nosotros. Será fácil tomar esa tierra.’ Pero el pueblo no oye. Y hasta quiere matar a Josué y Caleb.

Esto enoja mucho a Jehová, quien le dice a Moisés: ‘Ninguna de la gente de 20 años de edad y más va a entrar en el país de Canaán. Han visto los milagros que yo hice en Egipto y en el desierto pero todavía no confían en mí. Por eso van a vagar por el desierto 40 años hasta que el último muera. Solo Josué y Caleb entrarán en la tierra de Canaán.’

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Parte 2

1. El primer arco iris

Génesis 8:18-22; 9:9-17.

¿SABES lo primero que hizo Noé cuando él y su familia salieron del arca? Él hizo una ofrenda o regalo a Dios. Míralo haciendo esto en el dibujo de abajo. Noé ofreció este regalo de animales para dar gracias a Dios por haber salvado del gran diluvio a su familia.

¿Crees que a Jehová le agradó el regalo? Sí, le agradó. Y por eso le prometió a Noé que nunca más destruiría al mundo con un diluvio.

Noé y su familia haciendo una ofrenda de gracias a Jehová
Pronto toda la tierra se secó, y Noé y su familia empezaron una nueva vida fuera del arca. Dios los bendijo y les dijo: ‘Tienen que tener muchos hijos. Tienen que aumentar hasta que haya gente viviendo por toda la Tierra.’

Pero después, cuando la gente oyera acerca del gran diluvio, pudiera ser que temieran que un diluvio como aquél sucediera otra vez. Por eso Dios dio algo que le recordaría a la gente Su promesa de nunca más cubrir con agua toda la Tierra. ¿Sabes lo que dio para que recordaran eso? Fue un arco iris.

Muchas veces el arco iris se ve en el cielo cuando el Sol brilla después de una lluvia. El arco iris puede tener muchos bellos colores. ¿Has visto uno alguna vez? ¿Ves el de la lámina?

Esto fue lo que Dios dijo: ‘Prometo que nunca más será destruida toda la gente y los animales por un diluvio. Estoy poniendo mi arco iris en las nubes. Y cuando el arco iris aparezca, yo lo veré y recordaré esta promesa mía.’

Por eso, cuando veas un arco iris, ¿qué debes recordar? Sí, la promesa de Dios de que él nunca más destruirá al mundo por medio de un gran diluvio.

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Parte 2

2. La gente hace la gran torre

Génesis 10:1, 8-10; 11:1-9. PASARON muchos años. Los hijos de Noé tuvieron muchos hijos. Y sus hijos crecieron y tuvieron más hijos. Pronto hubo mucha gente en la Tierra.

Una de estas personas fue un bisnieto de Noé llamado Nemrod. Él era malo y cazaba y mataba animales y hombres. Nemrod también se hizo rey para gobernar a otras personas. A Dios no le gustaba Nemrod.

Toda la gente de aquel tiempo hablaba un solo lenguaje. Nemrod quería mantenerlos juntos para él poder gobernarlos. Por eso, ¿sabes lo que hizo? Les dijo que hicieran una ciudad y una gran torre en ella. En la lámina los ves haciendo ladrillos.

A Jehová Dios no le agradó este edificio. Él quería que la gente se fuera de allí y viviera por toda la Tierra. Pero ellos dijeron: ‘¡Vamos! Hagamos una ciudad y una torre tan alta que su parte de arriba llegue a los cielos. ¡Entonces seremos famosos!’ Querían honor para sí, no para Dios.

Por eso Dios hizo que la gente dejara de hacer la torre. ¿Sabes cómo lo hizo? Hizo que de repente las personas hablaran diferentes lenguajes, en vez de uno solo. Ya no se entendían los unos a los otros. Por eso su ciudad llegó a llamarse Babel, o Babilonia, que quiere decir “Confusión.”

Ahora la gente empezó a irse de Babel. Los grupos que hablaban el mismo lenguaje se fueron a vivir juntos en otras partes de la Tierra.

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Parte 2

3. Abrahán… amigo de Dios

Génesis 11:27-32; 12:1-7; 17:1-8, 15-17; 18:9-19.

UNO de los lugares adonde la gente fue a vivir después del Diluvio se llamaba Ur. Ur llegó a ser una ciudad importante con casas bonitas. Pero la gente de allí adoraba dioses falsos. Eso hacían en Babel también. La gente de Ur y Babel no eran como Noé y su hijo Sem, que siguieron sirviendo a Jehová.

Al fin, 350 años después del diluvio, el fiel Noé murió. Solo dos años después nació el hombre que ves en este cuadro. Era una persona muy especial para Dios. Se llamaba Abrahán. Vivía con su familia en aquella ciudad de Ur.

Un día Jehová le dijo a Abrahán: ‘Deja a Ur y tus parientes, y ve a un país que te voy a mostrar.’ ¿Obedeció él a Dios y dejó atrás todas las comodidades de Ur? Sí. Y porque Abrahán siempre obedecía a Dios se le llegó a conocer como el amigo de Dios.

Parte de la familia de Abrahán salió con él cuando él se fue de Ur. Su padre Taré salió. También su sobrino Lot. Y, claro, también su esposa, Sara. Con el tiempo todos llegaron al sitio llamado Harán, y Taré murió. Estaban lejos de Ur.

Después Abrahán y su casa salieron de Harán y llegaron a la tierra llamada Canaán. Allí Jehová dijo: ‘Esta es la tierra que daré a tus hijos.’ Abrahán se quedó en Canaán y vivió en tiendas de campaña.

Dios empezó a ayudar a Abrahán y éste llegó a tener grandes rebaños de ovejas y otros animales y cientos de siervos. Pero él y Sara no tenían hijos suyos.

Cuando Abrahán tenía 99 años, Jehová dijo: ‘Te prometo que serás padre de muchas naciones de gente.’ Pero ¿cómo podía llegar a ser esto, cuando Abrahán y Sara eran muy viejos ahora para tener un hijo?